Tipos de agua: Clasificación, características y usos

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Existen diversos tipos de agua y la tenemos en todas partes. La usamos cada día, pero no siempre nos detenemos a pensar que no toda el agua es igual. Según de dónde venga o qué lleva disuelto, puede servir para beber, regar, fabricar, limpiar o producir energía.

Aquí te contamos los diferentes tipos de agua que existen y por qué es importante conoce

r sus características. ¿Para qué sirve el agua de manantial? ¿Qué diferencia hay entre agua dura y blanda? ¿Y qué papel juega el agua embotellada en todo esto?

En este artículo te brindamos toda la información para que tomes las mejores decisiones sobre cómo se clasifica el agua y cuál es la más adecuada para cada uso.

Clasificación de los tipos de agua según su origen

El tipo de agua que usamos no solo depende de para qué la necesitamos, sino también de dónde viene. No es lo mismo una botella de agua mineral que una lluvia de verano o el agua que corre por debajo del suelo. Cada una tiene sus particularidades, y conocerlas puede ayudarte a entender qué tipo de agua estás usando… y por qué importa.

Agua de manantial

Esta es el tipo de agua que brota sola, sin intervención, desde el interior de la tierra. En su camino hacia la superficie atraviesa capas de roca y suelo, lo que le da un perfil mineral único. Muchos manantiales son ricos en calcio, magnesio y otros minerales naturales. Por eso suele tener tan buen sabor y ser tan valorada, tanto por su pureza como por sus beneficios para la salud.

No es casualidad que muchas marcas de agua embotellada vengan de aquí. Es un agua que suele usarse directamente para consumo humano, sin necesidad de tratamientos complejos.

Agua subterránea

Este tipo de agua no la vemos, pero está ahí: se encuentra bajo tierra, en acuíferos que se van llenando con la lluvia o con el agua que se filtra desde la superficie. Es una de las principales fuentes de agua potable en muchas regiones, y también la que mantiene vivos muchos ríos cuando no llueve.

Puede tener minerales beneficiosos, pero también impurezas, así que normalmente se filtra antes de usarla.

Agua de lluvia

Mientras atraviesa la atmósfera, puede arrastrar partículas del aire, y eso afecta su calidad. Aun así, si se recoge bien y se almacena con cuidado, puede ser muy útil.

Muchas personas la aprovechan para regar el jardín, lavar el coche o incluso limpiar en casa, siempre que no se utilice para beber.

Tipos de agua según su composición química

El agua no siempre es igual, y su composición puede cambiar mucho según los minerales que contenga o los tratamientos que haya recibido. Estos elementos —como el calcio, el magnesio o incluso el sodio— son los que marcan la diferencia entre un tipo de agua y otro, influyendo en su sabor, su pureza y en cómo la usamos cada día.

Agua potable

El agua potable es la que podemos beber con total seguridad. Ha pasado controles que garantizan que no contiene impurezas ni sustancias dañinas, y mantiene una cantidad equilibrada de minerales esenciales. Es la que llega al grifo de casa y la que usamos para cocinar, beber o limpiar.

En definitiva, es el agua que el cuerpo necesita para mantenerse hidratado y saludable.

Agua mineral

El agua mineral destaca por tener una mayor cantidad de minerales naturales disueltos, lo que le da un sabor único y, en algunos casos, propiedades beneficiosas. Puede proceder directamente de un manantial o haberse mineralizado artificialmente, según su origen.

Dependiendo del terreno del que provenga, puede contener más sodio, calcio o magnesio. Por eso hay aguas más suaves, otras con más cuerpo o con sabores más marcados. Es una de las preferidas para consumo directo y embotellado.

Agua destilada

El agua destilada es todo lo contrario a la mineral. Se obtiene calentándola hasta convertirla en vapor y luego enfriándola para volver a su estado líquido. En ese proceso se eliminan los minerales y las impurezas, por lo que queda completamente pura.

No se recomienda para beber a diario, ya que carece de minerales que el cuerpo necesita, pero es perfecta para usos técnicos: laboratorios, equipos médicos o aparatos domésticos como planchas o humidificadores.

Agua alcalina

El agua alcalina tiene un pH superior a 7, lo que significa que es menos ácida que el agua común. Se le atribuyen propiedades antioxidantes y desintoxicantes, aunque la evidencia científica todavía es limitada. Aun así, muchas personas la eligen por su sabor suave y por cómo las hace sentir.

Su contenido en minerales como calcio y magnesio es lo que eleva su pH. Puede ser una buena opción para quienes buscan una hidratación diferente y más ligera.

Agua dura y agua blanda

El término “dura” o “blanda” tiene que ver con la cantidad de minerales que el agua contiene, especialmente calcio y magnesio.

El agua dura es la que tiene una alta concentración de estos minerales. No es dañina, pero puede dejar restos de cal en tuberías o electrodomésticos y afectar al sabor.

En cambio, el agua blanda contiene pocos minerales disueltos. Es más ligera, evita la formación de cal y suele ser mejor para lavar o para sistemas industriales donde se necesita mantener los conductos limpios.

En resumen, la composición química del agua define su uso, sabor y beneficios. Desde el agua mineral que bebemos cada día hasta la destilada que usamos para limpiar, cada tipo cumple una función diferente en nuestro día a día.

Tipos de agua según su composición química

No toda el agua sabe igual. Y no toda sirve para lo mismo. La diferencia muchas veces está en lo que lleva disuelto: calcio, magnesio, sodio, o si ha pasado por algún tratamiento. Todo eso influye en cómo la sentimos, cómo la usamos y, por supuesto, en si podemos beberla o no.

Agua potable

Es el agua que usamos a diario. La del grifo. La que puedes beber con tranquilidad porque ha pasado controles que garantizan que no hay bacterias ni sustancias dañinas. Además, suele tener una cantidad justa de minerales, los que el cuerpo necesita.

Es la que usas para cocinar, para lavarte los dientes o para llenar la botella que llevas al trabajo. En definitiva, la que necesitamos para vivir.

Agua mineral

A diferencia de la potable, esta viene directamente del entorno natural y suele tener más minerales disueltos. Eso le da un sabor especial. Algunas tienen más calcio, otras más sodio o magnesio. Depende mucho del terreno donde nace.

Mucha gente la prefiere no solo por el gusto, sino porque la siente “más rica” o porque le da confianza saber que viene de un manantial concreto. Y sí, a veces aporta beneficios extra. Pero, como siempre, todo depende del cuerpo de cada quien.

Agua destilada

Esta es otra historia. Se calienta hasta que se convierte en vapor y luego se enfría para volver a ser agua. En ese proceso se eliminan casi todos los minerales. Queda tan pura que ni siquiera es recomendable para beber todos los días. No porque sea tóxica, sino porque le falta lo que normalmente el cuerpo aprovecha.

Se usa más bien en laboratorios, en aparatos como planchas o en lugares donde lo importante es que no deje rastro.

Agua alcalina

Tiene un pH más alto que el agua común. Eso significa que es menos ácida. Hay quien dice que ayuda con la digestión o que tiene propiedades antioxidantes. La verdad es que la ciencia sigue investigando. Aun así, hay personas que se sienten mejor tomándola, o que simplemente prefieren su sabor más suave.

El pH más elevado suele venir por la presencia natural o añadida de minerales como el calcio o el magnesio. Si te interesa, puedes probarla y ver cómo te sienta. Pero como con todo, sin obsesiones.

Agua dura y agua blanda

Esto tiene que ver con la cantidad de minerales, sobre todo calcio y magnesio.

El agua dura deja cal en las tuberías y en la tetera, pero no es mala para la salud. De hecho, hay quien la prefiere por su sabor. En cambio, el agua blanda no deja residuos y es mejor para lavar ropa, limpiar o usar en aparatos donde no quieres que se acumule cal.

Ni una es mejor que otra. Simplemente, cada una funciona mejor en contextos distintos.

Clasificación de los tipos de agua según su estado físico

El agua cambia de forma según la temperatura y el entorno. A veces está en un vaso, lista para beber. Otras, la vemos caer del cielo en forma de nieve. Y muchas veces ni la notamos, porque simplemente está en el aire, como vapor. Cada uno de esos estados tiene un papel diferente, pero todos son parte del mismo ciclo.

Agua líquida

Es la que más usamos y la que más reconocemos. La que bebemos, la que corre por los ríos, la que riega los cultivos. Se encuentra en lagos, mares, océanos o bajo tierra. Está presente en casi todo lo que hacemos y, sin ella, la vida no sería posible.

Además de hidratarnos, transporta nutrientes, refresca, limpia, genera energía. Es difícil imaginar un día sin tocarla o sin depender de ella de alguna forma.

Agua sólida

Cuando el frío aprieta, el agua cambia. Se vuelve hielo, nieve o hielo compacto en glaciares. La vemos en las cumbres, en los polos, o en el congelador de casa.

Aunque no siempre la tengamos presente, este tipo de agua guarda grandes reservas de agua dulce. Y también ayuda a regular el clima, conservar alimentos o, simplemente, a disfrutar de un día de invierno en la montaña.

Vapor de agua

No lo vemos, pero está ahí. En el aire que respiramos. El vapor se forma cuando el agua se evapora, y sube hasta la atmósfera. Ahí participa en la formación de nubes, en la lluvia, en el clima.

Pero también lo usamos sin darnos cuenta: en una ducha caliente, en un humidificador o en procesos donde se necesita calor sin contacto directo. Aunque invisible, es parte fundamental del movimiento del agua en el planeta.

Tipos de agua según su salinidad

El agua no solo varía en su aspecto o en lo que contiene, también cambia según la cantidad de sales disueltas que arrastra. Esa diferencia —lo salada que esté— determina si podemos beberla, usarla para regar o si necesita algún tratamiento previo. No es lo mismo el agua que fluye por un río que la que llena los océanos.

Agua dulce

Es la que usamos todos los días. La que encontramos en ríos, lagos, acuíferos y embalses. Tiene muy poca sal, y por eso es perfecta para el consumo humano. Eso sí, casi siempre necesita pasar por un proceso de potabilización antes de llegar al grifo.

Además de servir para beber, también se usa para regar cultivos, mover turbinas en centrales hidroeléctricas o en industrias que no pueden trabajar con agua salada.

Agua salada

No podemos beberla tal cual, pero eso no significa que no sea útil. De hecho, el agua salada está detrás de muchas actividades que sostienen nuestra vida moderna. En algunas industrias, por ejemplo, se usa porque hay que mover grandes volúmenes de agua. En otras zonas del mundo, donde no hay otra opción, se desaliniza para transformarla en agua potable.

También es el hogar de miles de especies y el punto de partida de la acuicultura, que permite cultivar peces y mariscos sin necesidad de capturarlos en la naturaleza. Al final, aunque no la pongamos en un vaso, la vida depende de ella más de lo que imaginamos.

Agua salobre

Este tipo de agua vive entre dos mundos: no es dulce, pero tampoco salada del todo. Aparece en las desembocaduras o en ciertas lagunas cercanas a la costa.

Puede ser una buena alternativa en regiones donde el agua dulce escasea. A veces se utiliza para regar cultivos, otras para criar peces en acuicultura, y en algunos casos incluso se desaliniza para convertirla en una opción potable. No siempre se le presta atención, pero cuando falta agua dulce, cobra un valor enorme.

Agua embotellada: una categoría especial

A veces necesitamos agua que esté lista para beber, sin preocuparnos por filtrarla o tratarla, aquí el agua embotellada es una buena opción.

Hay distintos tipos: las que vienen directamente de manantiales, otras han sido tratadas o tienen un perfil mineral concreto. Elijas la que elijas, lo importante es que sea segura y se adapte a lo que necesitas.

Ahora bien, también importa cómo la consumimos. Si puedes optar por envases de vidrio retornable, mejor. Porque además de la calidad estás reduciendo residuos y apostando por una forma de consumo más responsable. Porque hidratarse bien también puede ser una forma de cuidar el entorno, sin complicarte.

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